Dietario del botánico Gilbert Davies (1894-1916) durante la Gran Guerra

31 de agosto de 1914.
Ayer me alisté en el ejército de Su Majestad. Me han destinado al frente occidental. Llevo cuadernos para catalogar la flora autóctona en los momentos de recreo.

6 de septiembre de 1914.
Los intensísimos bombardeos me dejan poco tiempo para la observación botánica. Sin embargo me ofrezco voluntario para los trabajos de vigía y aprovecho los prismáticos para observar y dibujar las flores que crecen cerca de la trinchera alemana.

8 de septiembre de 1914.
Arrestado por desempeñar el trabajo de vigía con «displicencia y poco patriotismo». Me conformo con dibujar unos interesantes hongos que crecen en el calabozo. Creo que son fungus cistercensis.

10 de febrero de 1916.
En el hospital de campaña. No eran fungus cistercensis sino fungus hipertoxicus. El sabor de azufre y los vómitos de sangre me hicieron sospechar. Parece ser que he pasado unos meses en coma.

18 de febrero de 1916.
Intercambio de artillería por la mañana. Por la tarde, agradable paseo por la colina 144. He descubierto seis tipos diferentes de espárragos y estoy impaciente por comunicarlo al sargento. Es posible que me concedan una medalla de honor.

19 de febrero de 1916.
Me han degradado y me han confiscado los cuadernos de dibujo. No desfallezco. He dibujado una gramínea en el margen de la Biblia. Como la he dibujado en el Deuteronomio la he llamado gramma deuteronomicae.

22 de mayo de 1916.
Nuestra compañía ha sido trasladada a la retaguardia. Nos hemos instalado en una granja típicamente alsaciana. Aquí dentro sólo hay paja, así que también la he dibujada, al margen del capítulo de Onán.

23 de mayo de 1916.
Un obús alemán ha destruido el establo y ha matado a 38 hombres. Afortunadamente las rosas que hay al lado no han sufrido desperfectos.

24 de mayo de 1916.
Entusiasmado por el hallazgo de una especie de planta que todavía no he podido catalogar. Se trata de una especie de arbusto de colores exuberantes. No la he podido dibujar completamente. Mañana continuaré.

25 de mayo de 1916.
Esto es extraordinario. ¡El espécimen ha cambiado de ubicación! No lo he soñado. Es más: juraría que cuando me acerco se mueve (!).

26 de mayo de 1916.
La planta no deja de sorprenderme. Hoy he observado que posee dos troncos cortos de color amarillo con un matorral marrón encima. Arriba del todo (en la copa) destaca una especie de flor rojiza.

27 de mayo de 1916.
Bombardeo intenso durante todo el día. Desolado porque no he podido dibujar la nueva planta. El sargento ha muerto a causa de un trozo de metralla. Otros 23 hombres debido a disentería.

28 de mayo de 1916.
¡La planta ha cambiado de lugar de nuevo! ¿Habré enloquecido a causa de los bombardeos? Me he acercado lo suficiente para observar que bajo el espécimen había un fruto. Cuando lo he cogido la planta me ha atacado. ¡Lo juro por Dios! Debe tratarse de una planta carnívora. Además aseguraría que ha emitido un sonido. Una especie de coc-co co-coroc. El fruto es ovalado y duro por fuera. Por dentro es líquido y sabroso. He bautizado la planta como gilbertia cocoricus, modestia aparte.

30 de mayo de 1916.
El teniente Brown, que es aficionado a la botánica, se ha interesado por mi hallazgo, la gilbertia cocoricus. Opina que no se trata de una planta, sino de un animal, ya que, según él «es evidente que camina y mueve la cabeza arriba y abajo y rasca la tierra buscando gusanos».

2 de junio de 1916.
Me he peleado con el teniente Brown. Se mantiene obcecado y asegura que mi planta es un animal con rasgos de ave. Evidentemente me he sentido humillado y no me ha quedado más remedio que darle un puñetazo.

3 de junio de 1916.
En el calabozo por agredir a un oficial. El teniente Brown ha hablado con el coronel Andrews (profesor de Biología en Cambridge) que, al ver mi planta, ha caído de rodillas y ha besado el teniente Brown por ¡«su extraordinario descubrimiento»! ¡Qué injusta es la guerra! El descubrimiento es mío.

1 de julio de 1916.
Antes de iniciar la ofensiva en el Somme leo en un periódico del mes pasado que el teniente Brown y el coronel Andrews han sido condecorados e invitados a la Royal Society «por el valiosísimo descubrimiento de una nueva subespecie de ave llamada gallus gallus domesticus, fácilmente domesticable y muy nutritiva». Se ha hecho tremendamente popular en Gran Bretaña y todo el mundo la llama «gallina». Qué nombre más estúpido. La historia me hará justicia y, si sobrevivo a la ofensiva de hoy, mi nombre y la gilbertia cocoricus entrarán en los libros de botánica.