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L’hora de la Constitució

Els que ens dediquem a l’anàlisi política comencem a detectar una tímida tensió entre el govern català i el govern espanyol. És molt possible que tot això sigui només una baralla d’enamorats i que tot s’arregli quan, d’aquí a dos o tres mesos, s’acabi la crisi econòmica. Però seria molt greu que aquesta tensió arribés a les capes més vulnerables i ignorants de la societat, és a dir: la ciutadania.

Les diferents nacions de la nació espanyola ja fa anys que es van regalar una preciosa Constitució. Alguns no la vam votar; no per manca de ganes sinó per manca de maduresa ideològica. Jo tenia cinc anys, aleshores, i les meves conviccions democràtiques, tot i que sòlides, eren confuses. Abans de la pubertat tots hem flirtejat amb el marxisme o l’anarcosindicalisme, però gràcies a l’escolarització madures i abandones les extravagàncies.

Sé que a vostè, estimat lector, li importen un rave els meus motius per no votar la Constitució al seu moment. En qualsevol cas: és molt inquietant que el jovent català perdi els valors constitucionals. Potser caldria que a les escoles fos obligatori llegir-la. Les dues hores mensuals de matemàtiques podrien transformar-se en quelcom més productiu: estudiar la Constitució. No caldria tocar assignatures troncals com Biodansa o Paper Maixé. Els infants aprendrien els valors universals i, de passada, aprendrien a gaudir del lirisme de la Carta Magna: «I fou dit: Jo et faig digne de portar la Meva bandera per guiar el Meu poble fins la Terra Promesa. Que la Meva ira caigui sobre els teus fills i els fills dels teus fills i damunt tota la teva estirp si deixes que la profanin les mans de les alimanyes.» (Art. 3.1)

Espero que el govern català actuï amb responsabilitat i faci cas d’aquest consell. President Mas: la pilota és a la seva taulada.

Política española: un rotundo quizá

En términos políticos octubre va a ser un mes calentito. Mariano Rajoy no pierde el punch. Tampoco pierde el Liebesträume. Ni siquiera el Fröjäälstoykyngä. Su vibrante y emotiva charla-coloquio en la ONU ante más de dos personas y un bedel calló muchas bocas.

Los mercados miran a nuestra patria con ojos almendrados pero con la sonrisa ancha y la lluvia en el pelo. «Son gajes del oficio», dicen algunos analistas de Pets & Olsen. Y De Guindos, por sus fueros, sigue mandando señales autoconclusivas. Un tiki-taka en toda regla.

La crisis nos ha cogido a todos bailando en la silla equivocada. Ya lo decía Fréderic Junot-Polincheau: «El mayor peligro de la crisis es que te coja bailando en la silla equivocada». Y cuánta razón tenía.

Parece ser que la banca necesita una inyección multimillonaria. Muchos ya criticamos en su momento a Fréderic Junot-Polincheau por su optimismo. Y también por su amaneramiento. En cualquier caso España es un gran tablero de tres en raya. El saneamiento de la banca es una urgencia nacional: requiere un pacto tácito à la de trois. El agujero de Bankia reclama atención. No es momento de brindis al sol.

El malestar en las calles es latente. No podemos dejar de mirar de reojo a nuestros vecinos búlgaros ni lo que pasó allí en el siglo XVI. Millares de jóvenes sin futuro lloran ante el Congreso. El divorcio entre la middle class y el espíritu de Cánovas es patente. De nada servirá el café para todos.

Fréderic Junot-Polincheau estaba en lo cierto. Hoy es denostado por los nacionalistas y, en general, por todo el mundo. Quizá por eso Arthur Mas lanza su órdago al más difícil todavía. ¿Es una maniobra envolvente? ¿Es el abrazo del oso? Quizás algún día jamás lo sabremos. Cataluña rica i plena. La política hace extraños compañeros de cama.

La conclusión está clara. Como dijo Fréderic Junot-Polincheau: «Hay que ser muy subnormal para no verlo».

Artículo publicado originalmente en El País.

Biel Perelló es Doctor en Ciencias Políticas por la International Harold Lloyd University.

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La crònica parlamentària és un gènere en decadència. Els grans periodistes han emigrat a la crònica esportiva: al camp del Barça, al camp del Nàstic. I és ben normal.

Al Parlament s’hi ha d’anar amb la mirada carregada de bones intencions i amb grans dosis de paternalisme. Ahir vaig passar la tarda enganxat a la transmissió del Canal Parlament i tot plegat em va recordar la competició de natació dels Jocs Paralímpics: hi trobem exemples de superació i d’integració magnífics però, a nivell esportiu, ens quedem una mica igual; fins i tot fa patir.

El primer que em va cridar l’atenció és que hi ha molts diputats. Moltíssims. M’arriscaré amb una xifra aproximada: més de trenta. I tots tenen un nom diferent, la qual cosa no fa més que afegir confusió al debat democràtic.

El segon que em va cridar l’atenció és que alguns diputats pugen a una mena de caixa de transportar fruita i fan monòlegs davant l’hemicicle. Solen ser monòlegs grandiloqüents i, per tant, prescindibles. Els monologuistes tenen tirada a citar frases bíbliques, de Josep Pla o de Winston Churchill per demostrar que posseeixen estudis d’EGB.

Jo també vull citar en Pla: “Durant tota la tarda hom s’esforça per dir la major quantitat possible d’obvietats i frases fetes”. És d’El quadern gris. No té gaire mèrit. Pla va escriure sis trilions de planes i no és complicat trobar-hi una frase que s’ajusti al teu discurs.

Després dels monòlegs voten i alguns es posen drets per cantar.

I, òbviament, la part més interessant del debat democràtic arriba cap a les deu del vespre, a Intereconomía i a 13tv. Retòrica vibrant, encesa, agressiva. Amenaces paramilitars, fins i tot. És aquí on les ideologies volen lliures i desacomplexades. És la Gran Festa De La Democràcia.

El mundo está hecho de bancos

¿QUIÉNES SOMOS? ¿DE DÓNDE VIENE EL DINERO?

 

Desde el principio de los tiempos los humanos se han preguntado “Qué es el dinero; cómo funciona la economía; por qué hay bancos”.

En la Grecia clásica Demócrito et al. llegaron a la conclusión de que la cantidad de dinero que podía ingresarse en un banco debía tener un límite mínimo. El dinero no puede dividirse infinitamente. Tiene que haber un momento en que la moneda sea una fracción tan minúscula que sea imposible dividirla por dos. A esa unidad mínima de dinero la llamaron céntimo.

Durante más de veinte siglos se dio por buena esa teoría. Sin embargo a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX nuestro concepto de la economía cambió radicalmente. Adam Smith describió un modelo de banco donde el dinero se mueve en órbitas alrededor de las entidades financieras. Según esas teorías las entidades financieras y el dinero se atraen, pero la fuerza centrífuga del capital actúa como contrapeso y mantiene la estabilidad económica.

Seguramente todos recordamos de nuestros libros de texto del colegio esa imagen del dinero orbitando los bancos.

Pues bien. Esa imagen es errónea.

En el siglo XX, un joven y desconocido economista llamado John Maynard Keynes sacudió los cimientos de la economía, primero con su Teoría Especial de la Macroeconomía y, posteriormente, con la Teoría General de la Macroeconomía, donde explicaba cómo los Estados influyen en el comportamiento de la banca curvando el tejido socioeconómico.

Sin embargo esa rompedora teoría conllevó un descubrimiento aún más audaz por parte de los economistas teóricos: los extraños comportamientos de la banca y del dinero observados a escala microscópica.

 

LA MONEDA DE SCHRÖDINGER: LA NATURALEZA IMPREVISIBLE DE LOS BANCOS

 

Todos hemos visto un banco, con su puerta, con sus mostradores, con sus administrativos y sus directores de sucursal. Es un lugar agradable y previsible. Pero todo cambia cuando los observamos realmente de cerca.

Las leyes del sentido común económico parecen desvanecerse: interés compuesto, TAE, cero comisiones, subprimes

Es un mundo que nos parece incomprensible.

Es el mundo de la Teoría del Dinero y de las Fluctuaciones Económicas.

Friedrich Hayek es considerado el padre de esa teoría y, rápidamente fue aceptada por muchos economistas teóricos.

No fue el caso de Keynes. Ante las propuestas aparentemente irracionales de la nueva teoría Keynes objetó: “La banca no juega a los dados”.

Durante el siglo XX ambas teorías han tenido que convivir. Una explica perfectamente el funcionamiento de la economía proteccionista y la otra explica con una precisión asombrosa el funcionamiento de la economía liberal. Pero ambas no parecen llevarse bien y son incompatibles. Cuando intentamos entender la economía proteccionista con el modelo de Keynes las fórmulas fallan y todo deja de tener sentido. Y viceversa.

Para hacernos una idea de lo antiintuitiva que resultan las ideas de Hayek pensemos en un billete de cinco euros. Según la idea preconcebida ese billete tiene que estar en algún sitio: en mi bolsillo, en una caja fuerte, sobre una mesa de un casino…

Pues bien. Resulta que ese billete está en todos esos sitios a la vez. Y no solo eso. Está en todos los sitios que puede estar. Antes de realizar una auditoría es imposible determinar si el billete aparecerá en un banco de las Islas Caimán, en una cuenta de ahorro de un jubilado o en un fondo de inversión de alto riesgo.

Y lo que es más sorprendente: cuanta más precisión logremos descubriendo dónde está ese billete menos certeza tendremos de su procedencia. Este fenómeno se conoce como Principio de Indeterminación de Tobin.

Parece magia pero no lo es. Es pura economía.

En cuando ingresamos un billete de cinco euros en el banco comienzan a darse una serie de eventos que parecen sacados de una novela de ciencia ficción. Ese billete (o más bien su valor) empieza a cambiar de manos a una velocidad de vértigo y cada transacción requiere un intermediario.

Se han descubierto decenas de tipos diferentes de intermediarios: brokers, fondos de inversión, pequeños accionistas, agencias de calificación… Y la economía teórica predice la existencia de muchos más.

Cada intercambio monetario produce beneficios para una o ambas partes de la transacción. ¿Pero cómo es posible eso? Sabemos que el dinero ni se crea ni se destruye así que ¿cómo pueden generarse beneficios indefinidamente sin que nadie pierda dinero?

Hay varias respuestas pero, simplificando, podemos decir que esos beneficios son virtuales. Sin embargo los efectos de esas transacciones son mesurables y totalmente reales. A la larga si alguien se enriquece, alguien, en otro punto del universo, tiene que empobrecerse.

Cada vez que hay una transacción (es decir, cuando el dinero cambia de órbita o, incluso, de Estado), se producen beneficios o pérdidas. También pueden producirse emisiones peligrosas para el bolsillo, como los Bonos Basura, o los activos tóxicos. Emisiones que prometen una altísima rentabilidad pero que pueden destruir nuestra frágil economía doméstica.

 

FUSIÓN DE BANCOS

 

Con la llegada de las teorías de Hayek y de Keynes también se abrió la puerta a un nuevo concepto inimaginable hasta entonces: la fusión de bancos.

Fusionar dos bancos es algo realmente complicado y no está al alcance de cualquier país, a no ser que disponga de una tecnología y unos conocimientos adecuados.

Se requiere un capital descomunal. Los bancos tienen una tendencia natural a repelerse. No pueden ocupar exactamente el mismo nicho económico (debido al famoso Principio de Exclusión de Galbraith) y por eso huyen unos de otros en una competencia desmedida.

Un banco se compone de tres elementos: Accionistas, Junta directiva y Dinero, moviéndose incesantemente a su alrededor. Los accionistas y la Junta directiva forman el núcleo del banco. Pese a representar solamente un 0,1% del personal de la empresa, su peso específico es tremendo, pues obtienen el 99,9% de los beneficios.

Para conseguir la fusión de dos bancos necesitamos introducir accionistas de uno de ellos en el otro. Podemos hacerlos de varias maneras: comprando acciones, con una OPA…

Cuando adquirimos un volumen suficiente de acciones la Junta directiva no tiene más remedio que fusionarse, creando un tremendo beneficio neto. Ese beneficio es tan grande que sería capaz de sostener a una familia de cinco miembros ¡durante el resto de sus vidas!

Sin embargo las fusiones no siempre son estables. Cuanto más grandes sean los bancos, más directivos tendrán que compartir la Junta directiva y, de vez en cuando, alguno de ellos acabará en la calle, en lo que se conoce como decaimiento beta.

Pero no nos preocupemos por él, porque tarde o temprano acabará en la órbita, o mejor dicho, en el núcleo de otro banco.

Las fusiones de Cajas de Ahorros son otro tema mucho más complicado. Y no digamos la fusión de un Banco y una Caja de Ahorros o la nacionalización de una Caja. Es terreno de la economía especulativa.

 

CONCLUSIÓN

 

Los economistas actuales persiguen el sueño de unir las teorías de Hayek y de Keynes en lo que llaman la Teoría Final o Teoría Económica del Todo.

Con la construcción de la Reserva Federal y del FMI en Estados Unidos y, más recientemente, con el Banco Central Europeo se espera que los economistas sean capaces de llevar a cabo experimentos que confirmen o desmonten las miles de hipótesis teóricas sobre la economía que actualmente conviven.

Si todo funciona como está previsto los economistas que trabajan en el Banco Central Europeo esperan conseguir resultados que nos permitan entender cómo se formó la banca y por qué existe el dinero.

Uno de los sueños que los humanos perseguimos desde hace miles de años.

 

Biel Perelló es economista desde ayer por la tarde.