Archivo de la categoría: Textos

«Breve historia del tiempo»: una estafa

Me gusta leer antes de dormir. Es una tradición familiar que nos viene de lejos. De los homo erectus, más o menos. Hace unos días, mientras paseaba por una conocida librería bajo la atenta mirada del segurata, me topé con un libro que me llamó la atención inmediatamente. Prácticamente instantáneamente. Se titulaba Breve historia del tiempo, de un tal Stephen Hawking. El título no me dijo nada, pero ya se sabe que en estos tiempos que corren, los títulos son francamente mejorables y, sospecho, que siempre se redactan a último momento y de mala gana, bajo presión de la editorial y de la imprenta. ¡Qué voy a contarles!: La piel fría (Menudo hartón de pensar), Pandora en el Congo (¿se encontrará con Tin-tín?), La plaza del diamante (¿apología antiglobalizadora, quizás?). En fin, la lista es pesada e interminable. Por suerte este libro, Breve historia del tiempo, llevaba subtítulo (una pedantería, por otro lado): «del big bang a los Agujeros negros». En la portada una especie de fenómeno meteorológico que rápidamente reconocí: el famoso tornado Katrina. Y até cabos: Katrina + big bangs = Nueva Orleans. Lo que no me acababa de cuadrar era eso de «agujeros negros». Los buenos músicos de jazz son negros, pero, ¿por qué «agujeros»? ¿Una referencia al sexo anal, tal vez? Siempre he detestado Nueva Orleans. La encuentro una ciudad cargada de supersticiones, prejuicios, vudú y un carnaval de lo más escandaloso. En cambio me encantan las big bangs y todo el jazz en general y hay que reconocer que en Nueva Orleans había muy buenas big bangs. Decidido. Ya tenía lectura para aquella noche.

Una vez en casa me puse el pijama y me acosté, impaciente para ver de qué iba aquel libro que, a priori, reunía dos alicientes apetitosos: el jazz y la destrucción de Nueva Orleans.

Pero nada más abrirlo se me cayeron las almas al suelo. Vi la fotografía del autor en la solapa. ¡Madre santa de Dios! El tal Stephen Hawking es un émulo del tal Ramón Sampedro (aquel caradura que sacó un libro con una foto idéntica al cartel de Mar Adentro). ¿Me habían engañado? ¿Qué puede explicar sobre jazz un tipo que, evidentemente, no podía tener el más mínimo sentido del ritmo más allá de en las pestañas? ¿Era otra apología de la eutanasia, tan en boga últimamente? Pues sí. El libro comienza con un prólogo del célebre parapsicólogo Carl Sagan. Me lo salto sin remordimientos. No quiero charlatanería New Age de chamanes de medio pelo.

Capítulo I. El tal Hawking comienza su panfleto hablando, nada menos, que del ¡universo! Los enormes espacios siderales y todos esos topicazos. Por un momento pensé que el autor era argentino. La novela sigue con la peor descripción de Nueva Orleans que he leído jamás: vaguedades sobre «átomos» y «expansión a lo largo del tiempo». Calma. Démosle un margen de confianza. Un tipo que ha escrito un porrón de páginas con un lápiz en la boca se merece un cierto respeto. Van pasando las páginas. No pillo nada. Supongo que debe tratarse de una introducción. En la sexta página, al final, aparece el que supongo debe ser el protagonista, un tal Newton. El tipo trabaja… ¡mirando por telescopios! Estoy a punto de tirar el libro contra la pared, indignado por esta tomadura de pelo, pero me reprimo. Los vecinos ya me han advertido que les molesta el ruido de los libros contra la pared. En fin. Soy masoquista por naturaleza. Veamos qué nos dice este pseudo-discípulo de Paulo Coelho. El tal Newton no sólo tiene un trabajo ridículo sino que además es una especie de asceta, que se rige por sus propias normas, concretamente las denomina, arrogantemente, «Tres leyes de Newton». ¿Y cuáles serán estas leyes? ¿Respetarás a la Madre Naturaleza? ¿Serás bueno con la comunidad?

Pues no. Su primera ley viene a decir que si no tiene fuerza se mantiene quieto o camina indefinidamente (????). La segunda también tiene tela: «Si tengo fuerzas cambio de dirección». Y la tercera, la répànoiche: «Si me empujan, yo la devuelvo». ¡Carambitas! Pues resulta que un psicótico de este calibre tiene amiguitos: un tal Kepler y un tal Einstein (vaya, qué original). Lo más demencial es que Kepler ¡también trabaja en el tema de los telescopios! Y yo me pregunto, ¿desde cuándo Nueva Orleans ha sido el epicentro mundial de la astronomía? ¿Eh? Que me lo expliquen, porque me parece que aquí alguien está dejando volar la imaginación un poco más de la cuenta. Juro que si el otro, el Einstein también se dedica a los telescopios, cierro el libro y se ha acabado. Pues bien. Por suerte el Einstein este trabaja de oficinista… en Berna, nada menos. Será que les ha ido a visitar, supongo, de vacaciones. Las siguientes páginas son totalmente decepcionantes, con más descripciones nocturnas de Nueva Orleans. Stephen Hawking entra en detalles absolutamente prescindibles, como de qué están hechas las estrellas que se ven en el cielo de Nueva Orleans.

Me salto los dos capítulos siguientes, por repetitivos y crípticos. Voy directamente al capítulo cuatro: Big bang. Vamos al tema jazzístico, que es lo que me interesa. Quizá no tendría que haber obviado dos capítulos porque ahora salen nuevos personajes, un tal Roger Penrose y un tal (agárrense bien) Stephen Hawking. No doy crédito. ¿Puede que este tipo sea tan caradura como para salir en su propia novela como personaje? Pues sí, y no sólo eso. Él y Penrose descubren una big bang en un lugar muy alejado del «universo» (sic) y la presentan al mundo hasta que todo el mundo la acepta y se hace famosa. Deben ser una especie de managers o productores musicales, supongo. Aquí empiezo a temblar. El autor se prepara para describir cómo actúa la big bang.

A ver si, como mínimo, tiene algo de idea de jazz. Dice que al principio estaban concentradísimos y que había una gran masa en un espacio muy pequeño (una manera rebuscada de decir «un garito a reventar») y de repente… una explosión gigante. (¡!) (¿?) Unos tíos, desde el monte Palomar, ni más ni menos, ven esa explosión, como no podía ser de otra manera, ¡con un telescopio! Ignoro completamente el simbolismo del telescopio pero creo rotundamente que me estoy perdiendo algo. Lo que sigue es confusión. Tras el atentado la big bang se separa «en todas direcciones» (sic). Aunque parezca increíble, después hay páginas y más páginas donde se insiste una y otra vez con los telescopios. De Newton y toda la pandilla, ni rastro. En cambio, por la patilla, hace aparecer a una especie de tribu urbana o secta peligrosa y secreta (supongo) llamada los «quarks».

¿Explica el autor qué relación hay entre estos tipos y la malograda big bang? No. Sólo dice que los «quarks» son difíciles de cuantificar y que cuando se los enfoca con luz, se marchan. Muy bien. Queda claro. Veladamente está hablando del Ku Klux Klan. ¿Son ellos los que pusieron la bomba en el garito donde tocaba la big bang? No, si al final todavía tendrá sentido.

Entonces Hawking, sin venir a cuento, pone en marcha una subtrama romántica forzada a todas luces. Nos empieza a hablar de la atracción irresistible entre dos «quarks». Y, ¡sorpresa! Tenemos noticias del amigo de Newton, el señor Einstein. Escribe una carta desde Berna diciendo que el tiempo es relativo y la distancia también y todos esos tópicos de enamorados. Pero… ¿de quién está enamorado? ¿De Newton? Pues posiblemente, porque entonces Hawking nos habla de Newton, pero sólo dice que su estado es de gravedad. ¿Ha enfermado de amor? Ni flowers.

Sin dar más detalles nos recuerda que la big bang se sigue separando cada vez más y que, aunque es relativo, se encuentran con un mecánico, el señor Planck, que regenta un taller que se llama «mecánica cuántica» con un socio que se llama Heisenberg y que, al parecer, no es buena pieza, ya que en principio dice que todo es incierto y es incapaz de decir dónde están los coches y a qué velocidad van. Huelga decir que aquí ya renuncio a encontrar cualquier tipo de lógica a la novela. La curiosidad por ver si el amigo Hawking es capaz de resolver este desaguissé es más fuerte que el sueño. Vuelve a aparecer Einstein, que esta vez se va de vacaciones en el desierto de Nevada con un muchacho (¿un chapero?) llamado Oppenheimer. En medio del desierto hacen pruebas nucleares. Newton, celoso, se marcha al siglo XVII, donde encuentra trabajo a cargo de la corona británica y rehace su vida. Einstein, Oppenheimer y Planck (el del taller) discuten en medio del desierto porque uno dice que no quiere jugar a los dados con Dios. Kepler, a su bola, mira por el telescopio las órbitas de los planetas sobre Nueva Orleans. La big bang dice que un día volverá a juntarse en el mismo punto de donde salieron y formarán un grupo nuevo llamado big crunch. Fin. Y yo me pregunto, señor Hawking big crunch, ¿no sería más provechoso para la Literatura que usted se hubiera dedicado a la petanca paralímpica?

La maledicció del pallasso

Pensava compartir amb tots els lectors d’aquest estimable blog un post ben divertit, ple d’enginy i de fotografies de subnormals, però quan em disposava a fer-ho m’ha passat quelcom estrany: com si sortís del meu cos i em veiés a mi mateix des de l’altra punta de l’habitació, allà on col·loco els envasos de plàstic buits. Llavors he vist un paio pàl·lid, en calçotets, segut davant l’ordinador amb la panxeta fent-li bossa. I m’ha fet molta pena. Sobretot perquè era jo mateix.

M’he adonat que estava trist, que no tenia cap ganes d’escriure coses divertides sobre deficients. M’he sentit trist perquè em sento sol.

M’he sentit trist perquè fa dies que no veig la meva senyora, principalment perquè tinc molta feina i, en part, perquè vam tenir una discusió monumental.

M’he sentit trist perquè l’altre dia em van donar una notícia francament desagradable sobre una persona que estimo.

I per això m’ha fet pena veure un paio pàl·lid i en calçotets, amb el cigarret a la boca, maleint interiorment el món i sa puta mare.

El paio segut davant l’ordinador ha vist un comentari al seu blog:

«Senyor Perelló, per llegir coses culturals ja tenim altres blogs. A vostè el volem tal com és. No fa falta que aparenti el que no és».

Llavors m’he acostat al paio en calçotets. En veure’m s’ha espantat. Li he dit: «No aparentis el que no ets» i ell, no gaire inspirat, m’ha preguntat: «I què sóc?». Li he passat la mà pel cabell i tots dos ens hem sentit francament violents.

Vesti la giubba e la faccia infarina.
La gente paga e rider vuole qua.
E se Arlecchin t’invola Colombina,
ridi, Pagliaccio… e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
in una smorfia il singhiozzo e’l dolor…
Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore in franto!
Ridi del duol t’avvelena il cor!

¿Un efecto óptico o… fantasmas?

Hoy he ido a buscar las fotografías del viaje que, recientemente, hice a los Paradores Nacionales con mi señora. Cuando he llegado a casa y las he contemplado, el corazón me ha dado un sobresalto. En las seis fotografías que hicimos durante el viaje aparecen una especie de manchas o formas vaporosas extrañas que, puedo asegurar, no estaban allí cuando se tomaron las instantáneas.

Soy bastante escéptico con respecto al mundo paranormal y no soy supersticioso. Sin embargo me gustaría compartir con todos las fotografías, a ver si alguien ve algo extraño o si sólo se trata de un efecto óptico.

Foto 1. Tomada el 23/07/2005 a las 12:35.
Cámara Kodak Instant, objetivo de 37mm. Tiempo de exposición 1 / 50 de segundo.
Autor: mi señora.

Con un poco de atención se puede ver en el extremo izquierdo una especie de «nebulosa» extraña. He descartado que se trate de una aberración óptica, ya que yo tenía el sol de cara.

paranormal1

Foto 2. Tomada el 07/24/2005 a las 10:13.
Cámara Kodak Instant, objetivo de 72mm. Tiempo de exposición 1 / 150 de segundo.
Autor: mi señora.

Si nos fijamos bien, justo tocando a la taza que aguanto en la mano se ve un raro efecto como de «difuminado». He mirado los negativos y allí también sale.

paranormal2

Foto 3. Tomada el 07/24/2005 a las 14:56.
Cámara Kodak Instant, objetivo de 50mm. Tiempo de exposición 1 / 50 de segundo.
Autor: mi señora.

Ésta es más difícil de ver, pero también la pongo aquí, por si acaso. El vértice derecho de la imagen parece como si la foto saliera «quemada». He descartado que sea una perforación del propio negativo.

paranormal3

Foto 4. Tomada el 07/24/2005 a las 19:20.
Cámara Kodak Instant, objetivo de 28mm. Tiempo de exposición 1 / 250 de segundo.
Autor: mi señora.

Llegamos a una que me tiene desconcertado. Si nos fijamos en los barrotes de la barandilla, entre el tercer y el cuarto empezando por la izquierda a mí me parece ver una especie de «sombra» con todo el aspecto de un calcetín.

paranormal4

Foto 5. Tomada el 25/07/2005 a las 20:05.
Cámara Kodak Instant, objetivo de 37mm. Tiempo de exposición 1 / 150 de segundo.
Autor: mi señora.

Personalmente ésta es la que me hace ser más cauteloso. La «estela» que se aprecia ligeramente arriba a la izquierda puede ser producida por algún avión a reacción.

paranormal5

Foto 6. Tomada el 25/07/2005 a las 22:27.
Cámara Kodak Instant, objetivo de 300mm. Tiempo de exposición 1 / 250 de segundo.
Autor: mi señora.

En cambio la última fotografía es la que me tiene más desconcertado. Quizá soy rebuscado, pero volteando la fotografía 90 grados a la derecha se puede distinguir una «figura» que a mí me parece una X.
paranormal6Repito. Soy escéptico, pero por si acaso me he comprado una katana.

Abducido ilegalmente

Testimonio de Mary Stuart Wizard, tía abuela de un abducido:

Mi nieto Jasper y su perro Yankee Doodle Dandy correteaban por las frescas colinas de Gatorade, Florida, haciendo volar una cometa cuando de pronto vieron algo que los dejó escalofríos. La cometa se había tergiversado con un objeto que los miraba no a gran distancia del suelo, describiendo grandes esferas circulares. Yankee Doodle Dandy ladraba al objeto del ojo que trazaba esferas redondas cada vez más largas. Era un objeto brillante de no más de 16 colores, según me contó Jasper, aunque no sabría si creerlo porque es un gran muchacho pero ha salido a su abuelo Zebulón y miente más que un congresista. Yankee Doodle Dandy cada vez ladraba con más interés al objeto que, poco a poco, se había enredado definitivamente con la cometa de mi nieto. Entonces, de golpe y pronto, un zumbido como de abejas eléctricas resonó por los alrededores y un brazo mecánico provisto de unas tijeras salió de la esfera que miraba a mi nieto y al perro. El brazo que zumbaba intentó cortar el hilo de la cometa pero fue un vano fracaso. El zumbido se hizo tan estridente que el perro ladraba como los lobos y raspó a Jasper en el antepecho produciéndole un gran dolor. En ese momento la esfera los miraba enloquecida, cambiando drásticamente de color, subiendo y bajando a una velocidad invernal hasta que no pudo más y colisionó destruyendo casi por completo un manzano. Jasper estaba con un gran susto en las mejillas y se orinó de vientre encima. Yankee Doodle Dandy hizo acopio y también se orinó sobre las patas traseras. La esfera estaba en silencio, cuando de pronto se desenroscó una puerta lateral del objeto y de él aparecieron súbitamente dos seres de tamaño menor. Los dos llevaban escafandras y cartucheras y se acercaban repetidamente a mi nieto que los observaba interesante pero con un claro terror.

Antes de establecer contacto alguno con mi nieto se deshicieron del perro desintegrándolo con unos rayos profesionales. Jasper estaba tan miedoso que rompió en jadeos y pidió ayuda a los seres que se le acercaban rodeándolo por la izquierda.

Uno de los intrusos golpeó el cuerpo superior de mi nieto con una herramienta oxidada y Jasper no pudo hacer nada mejor que caer inconsciente. Cuando recuperó los sentimientos se dio cuenta que no había soñado nada porque el hecho era real como el agua. Estaba en el interior de la esfera y todo le brillaba a sus alrededores. Cuatro seres pequeños y desnudos lo tocaban investigando y lo cubrían de pies a manos con saliva alienígena. Jasper lloró un rato y cuando dejó de llorar le dieron una paliza y lo lanzaron de la órbita al suelo.

Cuando mi nieto se despertó otra vez, descubrió dolores por todos los huesos clásicos y vio cenizas en el suelo cerca de la cometa destrozada. Volvió a casa solo, sin Yankee Doodle Dandy y su madre le dio una azotaina antes de llevarlo a urgencias para que le reconocieran de los daños.

Star Wars III: una aproximación

Como gran seguidor que soy de la saga de Star Wars no podía esperar ni un día más para disfrutar del último y fenomenal Star Wars III: Episode III: The Revenge of The Syths.

Hagamos un poco de resumen de los episodios anteriores (I y II):

El joven Yoda no ve con buenos ojos el estallido de la guerra galáctica. Entre tanto, un joven Jedi que acabará siendo un asesino intenta pasar el rato construyendo un C-3PO. La tensión se hace insoportable. Hay una reina.

Bien. El Episodio III de Star Wars III comienza exactamente en este punto. Como siempre, las majestuosas letras que forman la palabra «Star Wars III» aparecen esplendorosas en dolby stereo. Fenomenales títulos del añorado Saul Bass que nos sitúan rápidamente en medio de la situación: «¡GUERRA! Etc.»

Y después, acción, acción y más acción. Drama del bueno y más acción. Tragedia. Un poco de humor. Acción y tragedia. Drama. Tragedia. Acción dramática. Tragedia dramática. Acción humorística. Y así hasta dos horas y cuarenta minutos.

Este vendría a ser un resumen breve del argumento de Star Wars III: The Episode III, aunque, obviamente, se trata sólo de una brevísima descripción superficial.

Lo que interesa es que Star Wars III: Return of the Episode III es la mejor película que se ha hecho nunca sobre el problema vasco. Claro que sobran escenas románticas, plagiadas de Shakespeare, que no añaden nada al tema de Euskady. Pero en definitiva sólo se necesitan algunos cambios de nombre de protagonistas y/o lugares para captar el profundo mensaje de Lucas. Así pues tendremos que hacer los siguientes cambios:

Darth Sidious … Sabino Arana
Yoda … Rafa Zohuier
Mace Windu … Ikastola
Gollum … Gregorio Peces-Barba
Naboo … Zarauz
R2-D2 … Fernando Savater
Kashyyyk … Ermua
Padmé … Yoyes
Jar Jar Binks … Josu Jon Imaz
Ewok … Pototo

Ahora bien, esta densidad dramática no te tiene que echar atrás. Lucas ha combinado perfectamente la reflexión intelectual con guiños comerciales en clave misógina y racista que os dejarán pegados al asiento.

Si os gusta el cine de acción «del bueno», este filme no «os decepcionará». Es más: «os» gustará.

Saigon I -Proleg-

Si, estimats lectors. Em trobo a la bullicieuse ciutat de Saigon, actualment rebatejada com Ho Chi Minh en honor a un senyor que te molta semblansa amb el Coronel Sanders.

Saigon (o Ho Chi Minh) es una ciutat sorollosa, fetida, xafogosa, contaminada, amb 5.5 milions d’habitants i 4 milions de motos. Tecnicament es una d’aquelles ciutats que jo anomeno «dificils a l’hora de travessar el carrer».

El motiu del meu viatge es irrellevant, no aixi els resultats. Avui es celebren els 30 anys de la caiguda d’aquesta ciutat en mans dels rojos del Vietcong i la gent esta com embogida, desfilant amb banderes i fusells AK-47 de cartro. Francament, no em vull posicionar en un tema tan delicat com el d’un conflicte bel.lic que va ocasionar dotzenes i dotzenes de morts i que va acabar avui fa trenta anys. Ara be, en honor a la veritat, admiro els nordamericans, puix soc incapas de vesllumar el mes insignificant motiu per restar en aquest pais mes d’un mati ells s’hi van estar prop de quinze anys i s’hi van deixar la pell. Si, senyors, ara que hi he estat ja ho puc dir ben fort (tot i el perill de ser arrestat fulminantment i conduit a un camp de reeducacio del Partit): Saigon fa cagar i no hi ha tanta prostitucio com em pensava.

Rasurado

Con ánimo de distraerme me he dispuesto a afeitarme con un ingenio que adquirí hace un par de días en una tiendecita de higiene personal y de pequeños electrodomésticos. Se trata de una máquina afeitadora eléctrica de la prestigiosa multinacional europea Braun (excelentes minipímers). Siendo como soy un recién llegado al mundo del afeitado industrial me he leído el manual de cabo a rabo. Reproduzco a continuación algunos extractos de la guía:

-Mantenerse sentado mientras se usa el aparato.
-No usar dormido, o si tiene tendencia a dormirse.
-No usar el aparato con animales domésticos.

Y otras consideraciones similares que no está de más recordar.

Llego a la parte interesante:

Modo de empleo:
-Llenar el depósito de agua caliente.

Acostumbrado al afeitado manual me cuesta imaginar para qué se tiene que llenar el «depósito» de agua «caliente». Es más: no doy con el citado depósito. Opto por sumergir el aparato un buen rato en agua hirviendo. Sigo leyendo:

-Conectar el aparato a la red.

Así lo hago. Noto un chisporroteo in crescendo que culmina con una pequeña llamarada. Deduzco que debe tratarse del mecanismo de ignición pero, aun así, sofoco las llamas con una toalla.

Sigo leyendo.

-Sentarse y poner los pies sobre el aparato.

No acostumbro a rasurarme los pies (no por pereza) ya que no los tengo especialmente peludos, particularmente en las plantas. De todos modos obedezco las instrucciones, me siento en el borde de la bañera y coloco los pies sobre la Braun Flex-XP 5600. Había oído hablar de la depilación por descargas eléctricas, así que no me arrugo cuando noto fuertes calambres en las extremidades. Ahora bien; el pelo de la barba parece no moverse ni desprenderse, por lo cual piso con más fuerza. Cuando no puedo resistir más el achicharramiento en los pies y ya tengo el cabezal metálico adherido con saña a los talones, desenchufo el aparato tal como dicen las instrucciones:

-No masajear más de 15 minutos seguidos. Desenchufar y volver a repetir el proceso.

Vuelvo a sumergir la máquina en agua a 120 grados Celsius y la enchufo nuevamente. Pierdo un buen rato buscando velas, ya que la máquina se ha auto-incinerado y ha hecho saltar los plomos. Por prudencia evito poner los pies sobre el churro de plástico contorsionado y humeante. Quizás es momento de ir a sellar la garantía y hacerle al vendedor un par de preguntas de «tú» a «tú». Miro el manual y creo entender el porqué del problema.

Taurus. Bahia Relax. Bahia Jacuzzi. Hidromasajeador de pies.

¡Ajá! Intuyo que, accidentalmente, al embalaje de la afeitadora ha ido a parar el manual de otro ingenio electrónico (en este caso un hidromasaje para los pies). Meto todo en la caja y me dirijo al establecimiento donde la adquirí. El vendedor se niega rotundamente a sellarme la garantía. Le recalco la importancia del pequeño comerciante en el marco del nuevo modelo de financiación catalán, pero no se da por aludido. El malentendido sube de intensidad y, finalmente, muy disgustado me voy de allí, no sin antes haber adquirido un atractivo aparato a pilas para sacar las bolitas de lana de los jerseys.

Llego a casa, lo abro dispuesto a probarlo y leo las instrucciones:

-Cepillar como con cualquier cepillo manual, describiendo círculos sobre los dientes.

Arafat on ice

Versión en castellano en El Mundo Today.

Tothom que em coneix sap com m’agrada fer escapades d’un dia a Londres, Roma, Paris o Beirut per anar de botigues i copsar l’ambient cultural d’aquestes extraordinàries ciutats. Aquest cap de setmana vaig aprofitar un ofertón de British Airways i em vaig plantar a Beirut. Vaig fer unes compres al Harrod’s i al Leroy Merlin i, tot passejant pel West End de la ciutat, em va cridar l’atenció un espectacle que s’acabava d’estrenar al Yussuf Memorial Palace: Arafat on ice.

Sense pensar-m’ho dos cops vaig adquirir dues butaques de platea (una per mi i una altra per l’abric i les bosses) i vaig preparar-me per gaudir de l’espectacle. No cal ni esmentar l’estupefacció que em produí la celeritat amb què s’havia preparat aquest muntatge sobre el Rais palestí, ni la sospita que tot plegat amagava una hàbil maniobra comercial per aprofitar el seu recent traspàs.

I no m’equivocava.

La partitura la signa l’irregular Christophe Abderraman III, de qui recordo la sobreactuada The phantom of the Golan Highs o, la per moments pamfletària, Join Hezbollah!

El llibret va a càrrec del per mi desconegut Jacob Cohen (llegeixo al programa de mà: «Former liutenant of the Israel army«)

Com qualsevol espectacle de format on ice el muntatge resulta, d’entrada, fred. Els personatges estan construïts a base de girs absurds i cops d’efecte i contínuament es trenca la quarta paret. Però anem per parts.

L’espectacle comença amb un solo d’Arafat. És un solo vibrant, auster i efectista. A destacar l’espectacular semblança del protagonista amb l’Arafat real, efecte, tot sigui dit, aconseguit amb una careta de cartró.

arafatonice2-176x300

Tot el primer acte, que narra els anys de joventut insurgent del líder de l’Autoritat Palestina, està trufat d’escenes de masses, coreografies excessives i abús de canons de llum. Molt remarcable, però, l’escena dels camells.

Els autors opten pel clàssic argument folletinesc, buscant la llàgrima fàcil i oscil·lant sense ordre ni concert entre el melodrama més defermat i l’slapstick més barroer. Hi ha un excés de corredisses i persecucions supèrflues.

L’entreacte o intermezzo és potser el moment més emotiu de l’obra, amb un Arafat traït pels seus i que, desenganyat, abandona la lluita armada. Tot el drama intern, les contradiccions humanes i morals es simbolitzen amb uns emocionants molinets i combinacions de salts mortals i skating backwards. Llàstima que tot l’intermezzo sigui descaradament plagiat de Cavalleria Rusticana, de Mascagni.

El segon acte decau considerablement. Tot i l’esforç en l’aspecte luminotècnic, amb desplegament megalòman d’efectes estroboscòpics en les escenes d’intifada, la trama peca de repetitiva i els duets transmeten un dejà vu constant.

Novament els moments que arrenquen les ovacions més sinceres són els solos d’Arafat, amb unes diagonals a gran velocitat sobre una sola cama que simbolitzen, potser massa explícitament, el difícil equilibri entre els interessos del poble palestí i la política exterior israeliana.

arafatonice1

Sobre el tercer i darrer acte no tinc una opinió clara, ja que vaig haver d’anar al lavabo i els controls de seguretat em van fer perdre 65 minuts de l’inici. Tot i això la sensació que queda és de decepció. Ja que l’última part de l’espectacle narra justament l’última part de la vida d’Arafat era obvi que els autors tenien entre mans una matèria primera de pare i molt senyor meu. Però novament pequen del mateix: donen per sabudes massa coses. Com si tothom conegués de pe a pa els acords de Camp David o les precàries condicions del confinament a la Mucata.

Hi ha també un excés en l’ús dels nens-bomba. Els 20 primers són colpidors, però els successius ja deixen indiferent. És obvi que el director de l’espectacle ens està preparant per a la gran ària final, amb un Arafat moribund i desplegant tots els seus recursos vocals. Estèticament és molt interessant la posada en escena de l’agonia del Rais, amb un llit d’hospital relliscant sobre el gel de forma quasi espectral. Llàstima de l’afegitó final, francament postís i a forma d’epíleg, on novament l’actor que encarna el líder palestí es llueix en un solo desafortunat, amb un abús musical de la secció de corda.

arafatonice3

Tot i ser un espectacle comercial per a tota la família, Arafat on ice té algunes troballes interessants, però tot plegat queda reduït al no res per culpa dels efectismes i per no apostar decididament per un registre concret, sempre basculant entre el biopic, el thriller psicològic i l’òpera rock.

En definitiva, un espectacle mediocre que no aporta pràcticament res de nou al panorama emergent dels muntatges on ice.

Truman Capote

Todos deberíais saber que Truman Capote era superdotado. Que tenía aproximadamente 873 de CI. Como yo, más o menos. Alguien con más de 700 de CI se puede permitir el lujo de autoentrevistarse sin miedo a que los demás le llamen «pedante» o «imbécil» o «pedante imbécil».

truman_capote_01

Biel Perelló entrevista a Biel Perelló

por Biel Perelló

BP.- ¿Es verdad que eres judío?
BP.- …
BP.- ¿Qué me dices? ¿Es cierto?
BP.- …
BP.- ¿Es cierto que eres –?
BP.- Te pareces mucho a mí.
BP.- ¿Perdona?
BP.- Que te pareces muchísimo a mí.
BP.- …
BP.- Pero mucho.
BP.- ¿Es cierto que eres judío?
BP.- No.
BP.- Ajá. ¿Y qué te asusta, de la vida?
BP.- Mogollón de cosas.
BP.- ¿Y por qué eres tan guarro?
BP.- ¿Guarro? Qué quiere decir guarro?
BP.- Bueno, ya me entiendes, guarro, sucio, cerdo.
BP.- ¿Crees que soy guarro?
BP.- Hombre… Si creyera que tú eres guarro estaría aceptando que yo mismo soy guarro.
BP.- ¿Quién te ha escrito las preguntas?
BP.- Tú.
BP.- …
BP.- …
BP.- …
BP.- ¿Cómo debe ser chupar un pene?
BP.- …
BP.- ¿Nunca lo has pensado? En serio. Quiero decir, sin mariconadas, sólo como curiosidad.
BP.- …
BP.- Tiene que ser curioso, ¿no? ¿De verdad nunca lo has pen—?
BP.- Ok.
BP.- …?
BP.- Va. Fuera pantalones. Primero tú y luego yo, ¿vale?
BP.- Ok.